Sin saber la dirección ni el camino, sin saber mi trayectoria y sin proponerme algún destino...he llegado aquí. Al que es nuestro "aquí".
O al menos al que era.
Sin más compañía que mi soledad y con un sin fin de pesadas cargas a mi espalda, sin proponérmelo , he llegado donde tu andar solía llevarme en las tardes de los atardeceres eternos llenos de gran significado y de los que hoy no quedan más que abrazos rotos, miradas perdidas y un gran número de besos que nunca jamás se han dado.
Ni se darán.
Tardes en las que dos trenes circulaban en una misma dirección, en sentidos opuestos encontrándose en un mismo punto común, tardes en las que hoy solo se encuentran aquellos trenes cuyo destino son un punto y final.
Hoy no se si amanece o atardece, pues tu pérdida se ha llevado a mi Norte, y el Sur parece haber tenido miedo de ver al Este corriendo del Oeste.
En este "hoy", por utilizar algún marcador temporal, no se cómo comenzar a hablarle a tu ausencia. La veo tan cerca que aún puedo contemplar tu belleza en su máximo estado de complejidad, a cualquier atisbo de sonrisa que en tus labios dibujaba formas propias de un contorsionista, a tus ojos eternos que, con mil y una bifurcaciones invitaban a perderse con el deseo de no encontar jamás el cartel de un " final". Estas tan cerca que soy capaz de ver todo eso y millones de cualidades más que se quedarán en la lista de los adjetivos que nunca te dije.
Ni te diré.
Y me atrevo a decir que estuve dentro de ti averiguando tanto, que ya sabía casi cuando me estabas pensando.
Sin embargo ya no está el nido de golondrinas que vimos crecer en nuestro ciprés favorito, del balancín en el que soliamos mecer nuestra ilusión hoy solo cuelgan un par más de te quieros rotos, y la farola que solía alumbrar nuestros rostros fundiéndose en un beso ha decidido apagarse...A lo único a lo que ya puedo aferrarme no es más que a eso, a tu ausencia.
Una ausencia que reemplazaría por cada una de tus presencias, capaces de alegrar al Paseo de los Tristes en la más efímera tarde invernal.
Presencias que ataría a mí y a este banco durante un tiempo algo más duradero que un simple:
"Para siempre".
''...Y él noto que fluía, que la magia que emanaba de aquella fuente inagotable de conocimientos no le era suficiente, y quiso más y más y más y ese más no le fue suficiente,y entonces quiso mucho más y ese mucho ni tan siquiera se equiparo a aquel deseo, aquella idea, aquella semilla que ahora crecía en su mente y a la cual decidió llamar Caos.
miércoles, 21 de mayo de 2014
martes, 11 de febrero de 2014
2+2=5
Mientras me deslizo entre calles inhóspitas desprovistas del tumulto social algo pasa (además de la gente por mi lado claro está).
Tiempo.
Pasa así, sin más, con la rapidez que yo quiera, con la rapidez que nosotros queramos. Si el rato es ameno y agradable parece que alcanza velocidades estratosféricas, varios minutos se nos escapan de las manos a una velocidad superior al numero de segundos que estos poseen. Por el contrario si el sufrimiento hace acto de presencia los minutos no tienen 60 segundos.
Cuando disponemos de él no somos más que simples economistas perdidos en Wall Street sin saber dónde invertir, si nos será rentable, y acabaremos por no arriesgarnos por miedo a perder.
Cuando nos falta no somos más que pobres tercermundistas pidiendo limosna, y una vez que obtenemos tiempo, se cierra el ciclo.
Otras veces lo llevamos en la muñeca a modo de madre recordándonos el sentido y la dirección de nuestro movimiento, en media hora he quedado, en un cuarto de hora se va el bus, llego diez minutos tarde...
Tarde, pronto, nuncas, jamases, puntos suspensivos y un largo etcétera de cosas más que temporales.
Un principio, un fin.
Resulta pues irónico que el tiempo es lo que siempre quisimos matar....y es él el que nos mata.
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