He escuchado multitud de opiniones acerca de este lugar, más de las que puedo recordar.
Unos decían que nada más entrar el ambiente se cargaba y cualquier indicio de esperanza se perdía en los ojos de una familia rota por la angustia de la pérdida de un ser querido.
Otros contaban con una sonrisa en sus rostros que este lugar fue el comienzo de una nueva vida, una segunda oportunidad y los más optimistas decían que era un lugar mágico en el que el proceso de formación de un nuevo individuo veía su final con el nacimiento de un bebé.
En lo que a mí respecta, este lugar es tan dinámico que me sorprende la capacidad que tiene de pasar a ser una prisión cuando en algunos momentos es el lugar en el que la felicidad comienza a tener nombre propio.
Un día cualquiera.
Mi nombre es irrelevante. Soy un enfermo terminal con el que los médicos juegan a hacer apuestas acerca del tiempo que seguiré aquí. Podría deciros que a algunos esto les importa poco, pero se que existe una persona que cada mañana se levanta con la esperanza de no ver mi nombre en la lista diaria de defunciones y eso me alivia. Al menos por momentos.
Hay mañanas en las que no termina de amanecer del todo, e incluso hay días que pierdo la noción del tiempo; en este lugar se respira en ocasiones tanta indiferencia que me cuesta discernir la cena del desayuno. Pero entonces llega ella con su sonrisa. Me fascina la capacidad que tienen algunas personas de dejar todos sus problemas personales en la puerta de este sitio y al entrar, como a modo de uniforme, se visten con una sonrisa que me devuelve la esperanza que me quitan las analíticas.
Se perfectamente la explicación biológica de mi enfermedad, pero soy incapaz de dar respuesta a lo que me hace sentir su mera presencia.
Un día no tan cualquiera.
Hoy siento que me apago. No se cuanto tiempo llevo aquí esquivando a la muerte y difícilmente puedo saber el tiempo que me quedan, no se si son horas o quizás meses.
Lo que si se es que la extraño.
Creo que llegó la hora de marcharse al encuentro de mis seres queridos. No sin antes despedirme de ti, mi luz diaria, mi alegría y mi compañía. No te librarás de este pobre viejo ni aunque se marche a un lugar muy lejano.
''A mi amanecer:
Muchas veces pienso que no estudiaste enfermería, que fuiste creada y enseñada por el mismo Dios a hacer sentir a las personas importantes pese a que nadie las acompañe en sus momentos finales. A veces pienso que de tu espalda saldrán un par de alas y se confirmará mi teoría de que eres un ángel. Hoy me marcho, pero no pienses que te librarás de este pobre viejo, que hará todo lo posible para cuidarte allá donde la muerte lo lleve. No caben palabras de agradecimiento en un trozo de papel, así que por eso te dejo esta flor. No la pongas en agua, es de plástico. La tendrás totalmente sana en tiempos de frío o calor extremo. Es curioso, esta flor me recuerda a ti, capaz de cuidarme en el peor de tus días o en el más alegre de ellos. A veces pienso que si tú no eres la palabra de Dios, es que Dios realmente nunca habló.
Eternamente agradecido, nos vemos allí donde quieras encontrarme''.
''...Y él noto que fluía, que la magia que emanaba de aquella fuente inagotable de conocimientos no le era suficiente, y quiso más y más y más y ese más no le fue suficiente,y entonces quiso mucho más y ese mucho ni tan siquiera se equiparo a aquel deseo, aquella idea, aquella semilla que ahora crecía en su mente y a la cual decidió llamar Caos.
jueves, 18 de febrero de 2016
miércoles, 10 de febrero de 2016
Bienvenidos a un no lugar
Un no lugar es aquel que, por su transitoriedad, no puede considerarse como lugar. Un no lugar es por ejemplo la sala de embarque de un aeropuerto, por la que miles de personas pasan a lo largo del día pero, al final, cuando todos los vuelos han salido hacia su destino, no queda nadie para considerarlo como un lugar.
El mundo está lleno de no lugares, hasta el punto de considerar el mundo como un no lugar. Piénsenlo, miles de millones de personas han pasado y seguirán pasando por él, pero al final, ¿qué queda de ellos?
Quizás la importancia de una persona en el mundo se mide en la capacidad de la misma de convertirlo en un lugar, o quizás este término no es más que el fruto de una idea existencialista que quiere hacernos pensar que no somos importantes, qué se yo.
Nuestra existencia es una sucesión de acontecimientos que, si bien algunos son irrelevantes, otros muchos quedarán en la memoria de aquellos que nos rodean y podrán considerar que hemos hecho de nuestra vida un lugar. Muchos otros pensarán que nuestros actos son tan pasajeros como el viajero que pasa 5 minutos en la sala de embarque en un aeropuerto y que, al marcharse, nada de él será recordado.
Puede ser que la idea de no lugar sea el concepto perfecto para aquellos pesimistas y vacíos de alma que justifican sus no actos, alegando que de poco importa cómo nos comportemos si al marcharnos no queda nada. O quizás ellos mismos sean esa nada de la que hablan.
Amores pasajeros, citas que jamás tendrán lugar, trabajos que jamás conseguiremos, aspiraciones que no pasarán de ser aspiraciones y un largo etcétera de intentos fallidos en nuestra existencia pueden ser motivos más que suficientes para pensar que somos un no lugar.
Pero quizás este concepto sea motivo más que suficiente para aquellos que pretenden convertir el mundo en un lugar.
Bienvenidos a la terrible pero apasionante historia del chico que, camino a una cita en una cafetería, pensó en la idea de por qué no cambiar ese no lugar por el lugar en el que comenzó la historia de su vida. Suerte chico, el mundo está suficientemente plagado de no lugares como para que tú hagas de esa cafetería otro más.
El mundo está lleno de no lugares, hasta el punto de considerar el mundo como un no lugar. Piénsenlo, miles de millones de personas han pasado y seguirán pasando por él, pero al final, ¿qué queda de ellos?
Quizás la importancia de una persona en el mundo se mide en la capacidad de la misma de convertirlo en un lugar, o quizás este término no es más que el fruto de una idea existencialista que quiere hacernos pensar que no somos importantes, qué se yo.
Nuestra existencia es una sucesión de acontecimientos que, si bien algunos son irrelevantes, otros muchos quedarán en la memoria de aquellos que nos rodean y podrán considerar que hemos hecho de nuestra vida un lugar. Muchos otros pensarán que nuestros actos son tan pasajeros como el viajero que pasa 5 minutos en la sala de embarque en un aeropuerto y que, al marcharse, nada de él será recordado.
Puede ser que la idea de no lugar sea el concepto perfecto para aquellos pesimistas y vacíos de alma que justifican sus no actos, alegando que de poco importa cómo nos comportemos si al marcharnos no queda nada. O quizás ellos mismos sean esa nada de la que hablan.
Amores pasajeros, citas que jamás tendrán lugar, trabajos que jamás conseguiremos, aspiraciones que no pasarán de ser aspiraciones y un largo etcétera de intentos fallidos en nuestra existencia pueden ser motivos más que suficientes para pensar que somos un no lugar.
Pero quizás este concepto sea motivo más que suficiente para aquellos que pretenden convertir el mundo en un lugar.
Bienvenidos a la terrible pero apasionante historia del chico que, camino a una cita en una cafetería, pensó en la idea de por qué no cambiar ese no lugar por el lugar en el que comenzó la historia de su vida. Suerte chico, el mundo está suficientemente plagado de no lugares como para que tú hagas de esa cafetería otro más.
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