domingo, 15 de septiembre de 2013

Un verano maravillosamente normal.

Se nos va. Se acabó.
Se nos va el verano, y con él, miles de costumbres que se instauran en tu vida y que son difíciles de acostumbrar y cambiar cuando vuelve la rutina. Se nos va el verano, y con él se va el despertarte sin relojes cerca y no saber si es la hora de comer o la de merendar, el tremendo ajetreo de fechas en tu cabeza y las neuronas que juegan al despiste intentando acertar qué día de la semana es hoy. Adiós a desayunar el más delicioso de los platos de macarrones y a llegar a tu casa cuando las farolas ya no lucen. Se acaban los ''plenos oficiales de los barrios'' improvisados por cuatro ancianas con sus respectivas sillas intentando cambiar el mundo desde la puerta de casa. El ir de fiesta en fiesta y llegar a tu casa cuando aun las calles no están puestas, el desayunar churros....Adiós verano.
Y, como siempre, cuando algo se nos va es indicio de que viene otra cosa, porque la nada no existe. Y como tal, el otoño se acercará a nosotros una vez más produciendo ese quebradero de cabeza de todo ser humano...¿Equinocio, o solsticio, equinocio o solsticio...?
Y como geólogos no somos ninguno, el primer contacto imperceptible de una hoja seca con el suelo será la señal de que ha llegado, de que ya está aquí.
Y la caída de la última hoja seca del último árbol con habitantes entre sus ramas sobre un suelo nevado, nos dirá que el invierno se instaurará en nuestras vidas.
Y el último copo de nieve posado sobre la primera flor emergente entre la fría escarcha nos demostrará que el invierno tiene un fin y la primavera un comienzo.
Y, como sucediera hace 3 meses, la última flor que quede en su mayor esplendor y color, se tornará amarillenta y se resecará, y el verano volverá, y nos brindará de nuevo cosas magníficas y no tan maravillosas, porque todos sabemos que, cada verano algo cambia, de manera que cualquier cosa, por imperceptible que parezca, no volverá a ser lo mismo.
Pero todo a su debido tiempo, dejemos a las hojas caerse, a los copos danzar y caer sobre nosotros y a las flores emerger de entre la escarcha y florecer en su máximo esplendor hasta que llegue el siguiente verano, porque, cuanto más ansias las cosas más tardan en llegar, y cuanto más te esperas de un verano, más te decepciona.

lunes, 2 de septiembre de 2013

A ciencia exacta

Cuando el tiro sale de tu mano sabes, como sabes que habrá tormenta cuando el cielo se viste de negro, si entrará el balón o no, así, a primera vista, como tan bien sabes que suspenderás ese examen del que solo has contestado una pregunta...aunque para saber esto último no has de ser vidente.
Quiero decir que quizás no haga falta abrir una investigación con forenses ni nada por el estilo(sin menospreciar el trabajo de nuestra seguridad, faltaría más) para saber ciertas cosas las cuales son, a simple vista, transparentes.
Y más profundo aun si cabe quisiera llegar: al ámbito amoroso.
Porque...quizás no haga falta abrir una investigación a la hora de intentar entrar en la vida de alguien. A lo mejor ni siquiera hace falta saberse el vestido de año nuevo, ni su fragancia favorita, ni tan siquiera a que hora vino a este mundo. A lo mejor no necesitamos ni tan siquiera saber cuantos más han intentado entrar en su vida, cuantos se fueron, cuantos se quedaron en la puerta y cuantos otros siguen aun en la lista de espera.
Quizás no se si eres materialista y fracasaré al comprarte el más caro de los vestidos o si eres más sentimental y no acertaré al escribirte la más bonita de mi declaración de intenciones, puede que no sea necesario conocer tal dato de alguien.
Porque...quizás no haga falta conocer a una persona a ciencia exacta para que tus sentimientos se decanten por ésta, puede ser que no necesite ni tu nombre, y al torcer esa esquina me enamore de ti como no lo hice de aquella con la que compartiera 4 años de mi vida o 5, o dos horas o el tiempo que fuera.
Porque según los científicos puedes enamorarte de una persona en 8,2 segundos y a mi.....me siguen sobrando 6 segundos.