Si digo que no penséis en elefantes, ¿en qué pensáis?. Bien ahora que tengo vuestra atención continúo.
Justo en el momento en el que te das cuenta de que la bifurcación que antaño escogiste en tu camino fue la equivocada, es cuando te das cuenta que , al igual que puedes andar hacia delante, puedes hacerlo hacia atrás. Así, sin más. Quizás la vida no sea más que el viaje que nos pone a prueba cada día, haciéndonos buscar a nuestro yo, a base de errores, haciéndonos escoger entre vivir como monstruos o morir como héroes, utilizando connotación dubitativa debido a mi escasa experiencia en este camino del que nadie se salva.
Tú sin embargo, te enfrentaste a un camino arduo, empedrado, cuesta arriba y descalza. Y como cualquier persona te amparaste a la fe, a tu alrededor, a tu propia religión. A la ciencia, apelaste hasta la última manera para permanecer en pie y llegar al final del sendero. E inevitable, como inevitable es que dos electrones de oxígeno compartan un electrón para adquirir una configuración electrónica estable, imploraste al cielo.
Un cielo del que esperamos que caiga un milagro en forma de manual de instrucciones acerca del como vivir, un cielo al que siempre apelamos cuando buscamos culpables acerca de los problemas gordos, y un cielo al que damos gracias cuando nos ocurre cuanto queríamos.
Un cielo cargado de simbolismo, y un suelo cargado de hipocresía. Un dios que ayuda, pero que no siempre acierta.
