jueves, 29 de noviembre de 2012

La soledad de la respuesta incorrecta

El entrevistado sacó una lata que contenía tabaco, sacó un mugroso mechero y con dificultad apretó la piedra, la cual encendió el cigarrillo. Yo ni me inmuté y seguí con la entrevista.
-Bien, usted viene a hablarnos de la sociedad y de la herencia la cual usted fue uno de los que tuvo que soportar, no es cierto?
- Lo es.
-Y bien, ¿ podría describir tal sociedad?
-No me acuerdo de mucho la verdad...No se como vivía la gente por aquellos entonces en los que todo comenzó, solo se que lo que yo he vivido es culpa de ese pasado. De esa sociedad.
- Entonces, como sobrevivió usted a aquella sociedad con la que tuvo que convivir?
-Pues al principio era difícil, salías a la calle y tenías que evitar miradas de odio, de gente que te quería ver hundido. El odio estaba a la orden del día y se respiraba una atmósfera de mentiras y de sinsentidos que , a los que conseguimos sobrevivir, nunca se nos olvidará. La palabra amor se fue devaluando poco a poco...pasamos a guerrear y pelear en mitad de la calle y escondernos para mostrar nuestros sentimientos. Veías ''tequieros'' sin sentido publicados en unas tales redes sociales que programaban tu vida, te manejaban mientras tu decías tener autocontrol. Esos tequieros no tenían por donde cogerlos. Se admitía que había crisis, pero nadie quería decir como salir de ella, porque los que podían dar soluciones preferían aprovecharse de la situación y engordar su bolsillo... Me pregunto que será de ellos ahora. En cuanto a las familias...bueno no se lo que a día de hoy conocemos como familia, pero antes eran un Padre, una Madre y sus zagales. A día de hoy son un Padre y sus zagales, o una Madre, pero nunca juntos. La gente era tan materialista que se llegó a olvidar el sentir. Nada se hacía por el bienestar común, por desgracia el dinero, que escaseaba, compraba la felicidad. Así fue como la gente pasó a ser lo que es a día de hoy. Seres individualistas, no tienes mas que salir a la calle y comprobar que nadie va en compañía de nadie, pocos fuimos los que llegamos a sobrevivir a tal situación reinada por el odio, la codicia o la avaricia. Y la gente no cambia. Ese es el problema. Quizás porque les inculcaron cualquier pensamiento y ellos, en lugar de replantearse dos veces las cosas, prefieren decir ''Es que a mí me educaron de tal o cual modo...''.( Se ríe) Ilusos.
-Y díganos,¿ podría decirnos por qué usted nunca cayó  en la tentación de aquella sociedad tan materialista y egoísta? 
-Lo mío fue simple, me asomé al balcón y solo veía ruido, tráfico, olor a motor, gente con la vida programada y yo, consciente de aquello decidí seguir actuando a mi manera.
El cigarrillo se fue consumiendo mientras que aquel señor me dijo:
-En resumen, yo nunca seguí al rebaño, porque ni el pastor ni el amo eran gente de fiar.