Los relojes se pararon a las 1 de la madrugada. Un destello de luz seguido de grandes sacudidas fueron lo único que recuerdo. En ese momento agarré al chico y corrimos cuanto pudimos. La gente gritaba, corría desesperada hacia ningún lugar, buscando la ayuda que no llegó, y aclamando a un Dios que no les escuchó.
Creo que es Enero, hace mucho frío y tenemos poca ropa. Lo que más me preocupa es el chico. Tiene frío, hambre , y no crece. A veces le cuento historias, cosas que solía hacer con mis amigos, lo que hacía cuando tenía su edad. Al acabar , cae una lágrima por su mejilla, me mira fijamente a los ojos, y me pregunta:''¿padre, podré yo algún día formar una familia y contarle lo que he pasado?''. Y yo no se que responder, no quiero que el pasado de mi hijo sea oscuro, pero no puedo hacer nada para evitarlo, ni yo mismo se lo que pasó aquel día.
Caen los últimos árboles, cada vez está mas nublado, y la vida es más difícil cada segundo que pasa. Mi hijo no ha visto en sus años de vida, 7 creo, un perro correr tras un gato tal y como manda la naturaleza, o un pájaro surcar el cielo volando; y eso, también me preocupa.
Caminamos a diario por la carretera, carriles empedrados y ciudades devastadas en busca de personas con las que poder comunicarnos. Los supervivientes de aquel día se encuentran refugiados, y los que no, han pasado al canibalismo , puesto que la comida escasea.
Dormimos en cualquier coche que vemos, y se me encoje el corazón cada vez que, en la noche, me despierta, me mira fijamente y me dice ''tengo frío'' y haciéndome la pregunta que tanto me duele...qué haría su madre en estos momentos.
Sobre la madre, lo poco que recuerdo es su rostro, suave, fácil de perderse en sus ojos. Tocaba la guitarra como si un ángel caído del cielo se tratase. Nos abandonó la noche antes de la catástrofe, no podía ver como su hijo iba a pasar por lo que iba a pasar. Yo la principio no lo entendí, aunque a día de hoy, empiezo a comprender lo.
Vamos caminando hacia la playa, dicen que hay varías familias allí. El chico está entusiasmado, y yo más que él. Es inexplicable la sensación de no haber visto a tu hijo nunca jugar con otros chicos, realmente triste.
Volviendo al presente. Estamos frente a una casa, parece deshabitada, aunque no lleva mucho tiempo en esas condiciones; aún se mantiene intacta al paso del tiempo. Entraremos a ver que ocurre dentro.
Al abrir la puerta no ha contestado nadie, supongo que está deshabitada. El chico y yo nos hemos bañado, me encanta verle disfrutar con pequeñas cosas. Al salir de la casa hemos encontrado un refugio subterráneo, lleno de comida, quizás la familia también venía venir lo que ocurría.
Es de noche, debemos dormir.
Amanece, aunque el sol apenas aparece. Escuchamos un sonido fuera. Parece un perro. Debemos de irnos, el chico no lo entiende pero hemos de hacerlo. Cogimos todo cuanto cabía en el carro que nos acompaña, y nos fuimos.
Al cabo de unos días llegamos a una ciudad a escasos kilómetros de la cosa. Parece haber alguna casa habitada, estamos investigando sobre ello. De repente escucho algo salir de una ventana...ah!! una bala toca mi talón de aquiles, no puede ser. Me meto la mano en el bolsillo, contengo una bengala que encontré en el refugio, la enciendo y la tiro. Ya no parece haber nadie con vida en la casa.
Estoy débil, la pierna pierde sangre y aunque presione la hemorragia, la bala ha penetrado muy hondo, pronto moriré desangrado.
He preparado al chico para este momento, aunque me da mucha pena. Siempre le digo que no voy a estar siempre a su lado, y le suelo decir que cuando muera tendrá que elegir entre acompañarme a la otra vida, o sobrevivir.
Y eso es lo más doloroso para un padre. Coger una pistola, cargada, mirar a la cara a tu hijo y decirle:'' Hijo mío, el día en que me vaya, tu tienes la decisión sobre ti mismo, cógela vamos, eso es. Ahora ponte la en la cabeza...eso es... a continuación...'' y nunca lograré poder decirle a mi hijo la frase que acaba,''aprieta el gatillo...'' Es tu hijo, dios mío, a quién se le ocurre.
Estamos en la playa, he conseguido llegar, pero estoy muy débil. Me tumbo en la orilla...veo borroso al chico.
Veo que un grupo de gente se acerca, pero ya ni fuerzas tengo para decirle al chico que corra. Es un hombre, con dos chicos más y una mujer. Se acercan al chico, y le preguntan por mi. Él entre lágrimas responde que estoy muy débil, pero yo se que ya nada se puede hacer por mi. Le propone viajar con él, y el chico duda y me mira.
Y en el último gesto que puedo hacer abro los ojos, le miro fijamente, me pierdo en él, y con ese gesto me entiende...acepta la propuesta de aquella familia. De repente aparece un perro tras el hombre. Que cosas tiene la vida...quizás no debíamos habernos movido del refugio, quizás el perro aquel que escuchamos era ese y no el de unos caníbales en busca de comida, quizás...quiz...
Cierro los ojos...Expiro mi último aliento.